domingo, 30 de abril de 2017

Frente a las situaciones de la vida existen procesos que nos conducen a resolver y realizar las cosas de una mejor manera y la investigación también consta de procedimientos similares. En la investigación educativa se deben tener en cuenta tres aspectos fundamentales: un antes, un ahora y un después acompañados de un enfoque que nos permita llegar al punto concreto donde se centra el tema o problema que se desarrollará en la investigación.  

A partir del vídeo podemos inferir que el punto central es que debemos investigar principalmente para explorar e indagar sobre conocimientos propios y, de esta manera, llegar a un concepto; el concepto parte de lo que estoy pensando hasta llegar a una conceptualización, es decir, una idea concreta.

En las investigaciones nos encontramos unas de carácter cuantitativo y otras de carácter cualitativo: la primera es objetiva, nos enfoca a las estadísticas y probabilidades teniendo como base datos sólidos que nos llevan a resultados fijos, y la segunda es subjetiva, hace inferencia de datos a partir de la exploración y descripción de los problemas a investigar.

Pero, ¿cómo debe ser un buen investigador? Principalmente, una persona dedicada a la investigación debe ser sagaz y sarcástica capaz de sumergirse en un tema tomando decisiones pertinentes que lo lleven al objetivo primario. También, el investigador debe ser coherente, conciso y preciso al expresarse ya sea de manera oral o de manera escrita; debe ser puntual al momento de llegar al tema y no desviar por otros que le resten credibilidad. Por último, debe ser una persona paciente y persistente debido a la gran cantidad de situaciones que pueden alterar o desviar el tema principal de la investigación; una persona abierta a la crítica que pueda abrirse a nuevos objetivos que lo lleven a nutrir su investigación según personas idóneas.

La investigación educativa nos ayuda a resolver -o tratar de resolver- situaciones que impiden un óptimo desarrollo de las clases, estas investigaciones pueden ser: emocionales, cognitivas, praxiológicas, etc. que alteran el proceso enseñanza-aprendizaje. La finalidad de estas investigaciones educativas es mejorar el ámbito escolar para que el estudiante sea capaz de llegar al conocimiento de manera directa sin desviaciones de ningún tipo y formar una persona íntegra.              

viernes, 24 de marzo de 2017

Algún día.

Algún día se me acabarán las ilusiones donde me imagino junto a ti, algún día no habrán noches buenas porque los mensajes para ti se me acabarán. Y es que ya no puedo seguir así, dando todo y recibiendo nada; pensando que sí cuando, en realidad, me dices que no con tus actos y palabras.

Estoy cansada. Estoy escribiendo con el alma porque ya las manos no me dan para hacerlo; mi cuerpo está gastado de darlo y entregarlo todo por completo. ¡Tus actitudes no las entiende ni Dios! Dios... Dios que se está olvidando de mí, de mandarme un poco de compañía, bueno, quizás sí pero soy tan caprichosa que la quiero es contigo, es que siento que solo necesito de ti.

Dame una sola señal y te prometo que voy hasta donde estés para que esto sea realidad; si no vale la pena, pago con un millón de besos mi condena... pero besos de aquellos que solo tú y yo conocemos: esos besos que empiezan sin querer y terminan después de que haya pasado de todo. Así como me gustan... así como te gustan porque sí es cierto que poco o nada sé de ti a excepción de cuando te doy un beso: cuando te doy un beso conozco hasta el último secreto y la última fantasía que escondes así pienses que es exagerado.

Y, mira, así de loca me tienes que empecé escribiendo que algún día te olvidaba y terminé con estas ganas de querer rozar tus labios. Porque así eres tú en mi vida, todo un dilema: calma o tempestad, frío o calor, paz o guerra... creo que más guerra de querer sentir todo y saber que no puedo sentir nada. Estoy condenada a ti. ¡Maldito error del primer día y benditas ganas de querer repetirlo una y otra vez! Quiero que estés cansado, quiero que me digas que no quieres y no puedes más a ver si así siento lo mismo. Algún día; algún día deja de pasar o pasa todo hasta el final como siempre.

Posdata: por si lo lees, añoro que pase la última.

Adriana Herazo T.

Se acabó

Ya pasó la primera noche en la que no te deseo dulces sueños... sí, la primera. Aunque hayan pasado noches en las que no te escribía, siempre buscaba tu nombre y, ahí, imaginándote presente, le pedía a Dios por ti; así como siempre, agradeciéndole por ti y no por mí. Pero ya pasó la primera noche en la que no lo hago y no sé explicar cómo me siento: me siento bien y me siento mal. Tal vez me siento bien porque ya estoy dejando todo a un lado y dándome la importancia que merezco y tal vez me siento mal por ti, sí, por ti... porque pudiste haber recibido el cariño más genuino y diste un paso al lado para esquivarlo.
Adriana Herazo T.

Sin mensajes.

Todas las noches le escribía deseándole buenas noches; un mensaje largo, escrito con el corazón,siempre estaba en su teléfono después de las 10:30 p.m. Después de sus respuestas por responder, los mensajes cada día eran más cortos, en realidad no quería dejar de escribirle, quería estar presente por dos minutos -o lo que se demorara leyendo el mensaje- en la pantalla de su teléfono. Ya son más de los 10:30 p.m. y no tengo ganas de que tenga una buena noche, quizás ya no me interesa si me lee o no; el interés no se va... te lo quitan.
Adriana Herazo T.

jueves, 12 de mayo de 2016

Sin límites

Sin límites.

Quizás si lo imagino no pasa igual,
Quizás si lo deseo no se hubiera hecho realidad,
Quizás si lo busco no lo hubiese encontrado en su puesto,
Pero no… no ha cambiado lo que siento.

Alguna vez sentí que el amor estaba en mí,
Creí tenerlo todo pero nada era mío,
Todo lo que fácil viene, así de fácil se va,
Dejando sin sabores como mares sin sal.

Tuve la fortuna de ver alas que no fueran grises,
Tuve la sensación de tocar el cielo sin volar,
La valentía de luchar por ganar,
Pero perdí todo en un instante y el dolor…
¡El dolor no se va!

Alguna vez algo me dolió tanto que la tristeza no me cupo en el cuerpo,
Alguna vez algo me dolió tanto que cada parte del corazón salió por su cuenta,
Alguna vez algo me dolió tanto que huir no fue la respuesta,
Alguna vez algo me dolió tanto que, desde ahí, quede incompleta.

Pero siento,
Aún salen suspiros con ganas de amar,
Aún llegan brisas de verano diciendo:
“¡Intenta! Todavía hay por quien luchar.”

Porque cada parte tiene su oportunidad,
Porque cada pedazo encontrará su complemento,
Porque el ser humano –aun estando incompleto-,
Encontrará el amor superando mareas y vientos.

¡Ve por él!


ADRIANA HERAZO T.

lunes, 14 de marzo de 2016

EL ÚLTIMO PASEO

EL ÚLTIMO PASEO

Las vacaciones habían llegado, las ganas de vivir una nueva aventura estaban más que elevadas, los nueve jóvenes estaban en busca de una nueva felicidad en familia (como ellos se llamaban). La playa y el mar iban a ser los testigos de sus locuras y desenfrenos pero el plan cambió a última hora escogiendo una cabaña en un pueblo solitario. Luz, Ester y Judith no estuvieron de acuerdo pero las ganas de descubrir algo extraño de los demás las convencieron. Llegó el día de partir, todos estaban listos en el lugar de encuentro montando sus maletas en la camioneta:
-Será el mejor viaje que haremos de final de Universidad, es justo para que podamos compartir todos juntos por última vez- dijo José.
-No hables como si nos fuéramos a morir todos; después que nos graduemos podremos seguir en contacto y hacer nuevos viajes- respondió Paola con seguridad.   
Cuando a la camioneta no le cupo una maleta más, todos se subieron y partieron sin saber lo que les esperaba.


En el camino todos iban hablando, riendo y cantando haciendo agenda de las cosas que iban a hacer. El lugar a donde se dirigían estaba a la mitad del bosque: una cabaña de dos pisos de madera, tenía tres habitaciones, dos baños, sala de estar y, en la parte de atrás, un patio que llegaba al horizonte. Cuando llegaron María, Ester y Luz escogieron la habitación del fondo, Judith, José y Jacob estaban en la mitad y Rosa, Paola y Cristina en la más cercana a la puerta de entrada. Dejaron sus maletas y salieron a ver lo que rodeaba la casa. Una brisa fría los detuvo. El cielo se había nublado, los árboles se mecían de un lado a otro como si quisieran desprenderse de la tierra y ser libres, la laguna que estaba frente a la casa daba señales de querer desbordarse. Los amigos corrieron hacia la cabaña en busca de refugio. María estaba sin aire, como ahogándose.

-Tengo un mal presentimiento- dijo Rosa nerviosa.
-¿Cuál es el problema? ¡Solo es lluvia! -respondió Cristina queriendo calmar los ánimos de los demás.
-Sí, estamos en invierno. Es normal en esta época del año -agregó Jacob para darle toque final a la discusión y que todos se fueran a dormir.


La noche fue larga, fría. El cielo se quiso caer pero se mantuvo en el firmamento cuando los rayos del sol empezaron a asomarse por medio de las nubes grises que aún seguían a la vista de todos. Luz, María, Cristina y José decidieron salir y pasear alrededor de la cabaña mientras los demás preparaban la comida y bebían alcohol. La soledad en aquel lugar se sentía, se respiraba, se olía. A la vista se veía una casa que, al parecer, estaba abandonada, lo decían los grandes arbustos que la rodeaban, la mitad del techo caído y algunos bloques faltantes. Quisieron acercarse pero prefirieron ir en busca de los demás. 



La tarde empezó a caer y una nota encontrada por Luz alteró el ánimo: "Quien quiera que llegue a esta cabaña no saldrá bien librado". Un silencio los invadió, la cara de preocupación de algunas mujeres fue notable. Judith, que estaba embarazada, empezó a llorar y a empacar sus cosas diciendo que no se quedaría pero la lluvia nuevamente apareció. La energía se fue y la casa era iluminada por grandes relámpagos y el sonido de la fuerte lluvia se veía apagado por el de los grandes truenos. Paola se quedó perpleja al ver la silueta que se formaba entre los árboles. Se distinguía a una mujer. Todos comenzaron a temblar, la puerta del patio se abrió y todos corrieron con desesperación hacia la habitación principal mientras Jacob trataba de cerrar la puerta. Sin embargo, todo cambió de repente. La lluvia cesó. Era de noche, la luz tenue llegaba hasta los más recónditos lugares del bosque, el canto de los pájaros negros era insoportable –como si avisaran que era el último día-, el cielo era cada vez más denso, estaba tan abajo que ya casi se podía tocar; los árboles deshojados estaban tiesos pero la noche estaba fría. Un ambiente desolador con olor a muerte, con sabor a agrio; un ambiente como si las más malignas fuerzas hubieran poseído los caminos de aquel lugar y ningún dios hubiese podido hacer algo para evitarlo. La noche tenía cara de no tener compañía, como si nadie fuera capaz de enfrentarla, la noche triunfaba... El mal estaba triunfando y nadie hacía nada.



Algo había entrado a la casa, se sentía su presencia. Cristina, Paola y Luz salieron a ver qué había pasado con la casa, si todo estaba en orden o no y, de repente, se les apareció una mujer llena de sangre, llorando por la muerte de un hijo y buscando a su esposo borracho y golpeador. Luz corrió hacia el patio con Cristina. Paola quiso huir pero las piernas no le dieron para correr y la miserable mujer la asesinó enterrándole un cuchillo en el pecho y desapareció. Jacob, Rosa y Ester bajaron y se encontraron con la aterradora escena. Su amiga estaba muerta. Empezó a llover, la angustia aumentó. Jacob salió de la cabaña con el cuerpo de Paola y la mujer apareció. 

- ¿Quién eres? ¿Qué andas buscando? - preguntó Jacob en tono desafiante.
La mujer se le acercó, comenzó a olerlo. Pasaba su lengua por la cara de él queriendo saber cuál era su sabor pero los tragos que se había tomado en la tarde hicieron que la loca mujer se acordara de su pasado y le arrancara la cabeza tirándola a la laguna.   

Encerrados en la habitación Rosa, Judith, Ester, José y María temblaban del miedo, gotas frías de sudor corrían por sus rostros. Poco a poco al aire se fue agotando, el ritmo de la respiración aumentaba siendo directamente proporcional a las ganas de querer salir de ese lugar. Pero la puerta los detuvo, ¡la puerta estaba cerrada! no la podían abrir. Rosa, María y Ester pudieron escapar por una pequeña ventana pero la suerte no les duró mucho. Aquel espanto las siguió, las encontró y, lentamente y sin piedad, acabó con ellas dejando como evidencia sus cuerpos envueltos en una interminable corriente de sangre. Mientras tanto, en la habitación, Judith y José lloraban rezando un Padre Nuestro pidiendo piedad por ellos y el hijo a punto de nacer de Judith. Un silencio ensordecedor invadió la casa, la mujer estaba de nuevo allí queriendo acabar con todos de una vez y por todas, así que con sus uñas negras llenas de mugre y de formas indefinidas agarró el cuello de José y, muy despacio, separó el cuerpo de la cabeza de José delante de los gritos y la cara de angustia de Judith.

-Por favor, no me hagas nada. Estoy embarazada y quiero que mi hijo nazca bien. ¡¿Qué cosa quieres?! Pídeme lo que sea pero no nos hagas daño. El padre de mi hijo nos abandonó en cuanto supo que estaba esperando un hijo, me golpeó, me ultrajó y lo único que me queda es este hijo. Ya mataste a todos mis amigos, por favor, te lo pido por Dios, ten piedad de mí.           

Después de las súplicas de Judith, la mujer recordó su pasado y desapareció.      



El espanto vivió en una de las casas cercanas al bosque, era una mujer morena con cabellos rizados, ojos grandes, labios finos y estaba a punto de dar a luz; su acompañante, hombre fuerte y borracho trabajaba  a cincuenta leguas de distancia y, muchas noches, no aparecía sino hasta tres días después. Diana, la mujer, envuelta en llantos y gritos desesperados de ayuda, llena de grandes gotas de sudor y sangre había comenzado a pujar queriendo dar vida a su hijo. Después de muchos intentos por fin sintió que algo se había desprendido de ella, ¡era su hijo! después de tantas lágrimas y sufrimientos por fin veía una rayo de esperanza en los ojos de aquel bebé. Esa noche, llegó el marido borracho, oliendo a perfume de mujer, miró a Diana y le dijo:

-Estoy aburrido de ti, mírate, estás gorda, hinchada y fea. No haces nada en esta casa, ¡todo lo traigo yo! tú no haces más que quejarte y generarme más gastos, más rabia y más aburrimiento. ¡Lárgate! ¡Lárgate de aquí, inútil!    
-Acaba de nacer nuestro hijo, ven, cargalo.
-¿Eres estúpida? Ese niño no me interesa. No quiero nada que venga de ti, Diana. Vete de aquí. ¡Lárgate!
-¿Cómo quieres que me vaya ahora si acaba de nacer nuestro hijo?
-Eso no va a ser un problema.

El hombre cargó al bebé, lo llevó hasta la laguna y allí lo tiró, dejando que se ahogara.

Diana quiso rescatarlo pero fue muy tarde, ya su hijo estaba muerto. Corrió hasta donde estaba el marido y, cuando quiso pegarle, él la mató enterrándole un cuchillo en el corazón. Desde esa noche, Diana anda vagando en pena en busca de los hombres borrachos y golpeadores para matarlos pero, también, en busca de un nuevo bebé.

Judith quedó encerrada en la cabaña. Diana la tiene allí esperando que nazca el bebé. Sí, es el bebé que tanto ha esperado Diana pero Judith está dispuesta a pelearlo y no dejar que se lo lleve...    


ADRIANA HERAZO T.

viernes, 26 de febrero de 2016

TE QUIERO

TE QUIERO

Te quiero, así como suena,
Con amor sincero.
Te quiero, así como se escribe:
Con letras llenas de sentimiento.
Te quiero, así como lo escuchas,
Como habla mi corazón.

Te quiero porque me nació quererte,
Porque no tengo barreras que me lo impidan,
Porque sé que no estoy equivocada.

Te quiero porque lo siento,
Porque al mirarte no es necesario decirlo,
Porque cuando estoy contigo es una sonrisa sin fundamento;
Solo porque estás ahí,
Queriéndome como yo te quiero a ti.